Entre tareas escolares y nuevas rutinas, las familias rearman espacios compartidos Para algunas, mantener horarios y respetarlos resulta lo más importante. Otras aseguran que este tiempo diferente es para tomárselo con relax, aunque se cumpla con las obligaciones.

Los chicos, acostumbrados a pasar más parte de su día en el colegio que en la casa, con rutinas trastocadas. La información externa, que cambia minuto a minuto y los adultos haciendo lo que pueden: a quienes se pudieron acomodar para trabajar a distancia se le suma que los quehaceres de la casa más la rutina escolar tienen exigencias adicionales que requieren atención. La nueva realidad a la que obliga la cuarentena cambió el panorama de la mayor parte de las familias en tiempos de coronavirus. Y reacomodarse es cuestión de paciencia, dicen, pero también de no exigirse de más: “Se hace lo que se puede”, repiten madres y padres ante la demanda permanente que supone atender los deberes en tiempo y forma, cumplir con las obligaciones laborales y que los niños estén seguros y contenidos. “Lo primero que hice cuando los chicos se alegraron con la suspensión de las clases fue recordarles que no eran vacaciones. Conociendo la dinámica familiar, armé una rutina que incluye tiempos en pantalla, ejercicio, algunos quehaceres domésticos, estudio, lectura. Lo escribí y lo pegué en la heladera para que ellos ya sepan lo que va tocando. En cuanto al estudio, tenemos una sola computadora, así que tuvimos que ir alternando: mientras uno hace tarea el otro ordena su habitación, o lee, y así”, explica Jana, diseñadora devenida instagramer que tiene dos hijos, Christ (12) y Phadeline. En su comunidad virtual @janajanitablog publica todos los días ideas para acompañar a sus casi 55 mil seguidores. “Es más para contenerlos a ellos. A mí, para mis cosas, me queda muy poco tiempo en el día”, asegura cuarentena mediante.

 “Creo que las rutinas enmarcan y dan seguridad. Si hacemos que todo sea como un gran fin de semana, agregamos más al no saber qué va a pasar. Bastante poco podemos controlar lo que está sucediendo, como para que en el núcleo familiar todo se desbande. Nosotros lo estamos viviendo así y nos da resultados”, asegura. “Tenemos cosas que hacemos los tres: a veces es mirar una serie, o cocinar, o bailar con Just Dance. Obligaciones y recreación. También los incluí en las tareas de la casa. Ya con la edad que tienen me gusta que vayan entendiendo de responsabilidades”. Ideas. “Se vienen planteando sugerencias muy interesantes y muy buenas, tales como que les mantengamos a los niños sus rutinas, que juguemos con ellos, podríamos agregar: que compartamos cuentos y canciones y que no los asustemos. Me parece muy importante hablarles, explicarles con tranquilidad lo que pasa, que hay una situación transitoria (ellos no tienen muchas veces la misma dimensión del tiempo que tenemos los adultos) y que tenemos que tener una actitud solidaria y cuidarnos entre todos”, explica la psicóloga especialista en niños Beatriz Janin. “Acostumbrarse a reinventar la rutina adentro de casa no es fácil. Nos llenamos de paciencia, con tres chicos es complejo pero buscamos actividades que podamos hacer en conjunto. Tratamos de no estresarnos porque somos conscientes de que no hay que enloquecer”, aporta Romina Polnoroff, autora de @mamasana y responsable de libros y contenido web, entre otras actividades. En su casa, donde convive con su marido y sus hijos de 11, 8 y 2 años, se organizó pero no se vuelve loca. “Pusimos un calendario y no ponemos despertador y nos acostamos más tarde. Entre las 9 y media y 10 desayunamos, a las 11 hacemos ejercicio en familia, luego un ‘recreo’ -y mi marido y yo sacamos algo de trabajo-, almorzamos y el bebé duerme la siesta, entonces aprovechamos para sentarnos todos en la mesa grande a hacer la tarea y nosotros a trabajar”. Por la tarde, asegura, es más flexible. Y cuando sobra la energía, “los mandamos a subir y bajar la escalera”, ríe. Para Rocío Martínez, mamá de Florencia (9) y Santiago (7), la realidad es diferente: no está nada preocupada por mantener una rutina y asegura que la cuarentena le resulta “una felicidad en el sentido de estar en casa”. Ella no trabaja fuera de su casa y el ritmo cotidiano de su hogar se modificó con la presencia de todos. “Quizá arrancamos a las seis de la tarde con las tareas, no tengo fijado ‘a esta hora, estamos tres horas sentados con lo del colegio’, pero yo siento que lo puedo hacer porque además tengo los quehaceres cotidianos que me insumen más tiempo y trato de repartir el día entre todo eso”, relata. Sus hijos comparten la computadora para revisar lo que la escuela les demanda y lo que pueden, como ver videos en los que la mayor guía al menor, lo comparten. “Las más organizadas tienen tiempo de ver una serie, actualizarse con películas o leer un libro. Hasta ahora yo no lo pude hacer: no tengo tiempo ni ganas cuando termino las rutinas. No tengo horarios para las cosas como quizá tienen aquellas personas que sí trabajan fuera de casa”, se confiesa.    Enfurecidos, ansiosos o más inquietos: reacciones ‘normales’ La especialista Beatriz Janin asegura que “no todos los padres ni todos los niños son ideales (en verdad ninguno lo es, tampoco nosotros) por lo cual tenemos que pensar qué puede ocurrir con los niños sin escuela y los padres con distanciamiento social y en medio de una pandemia. Los adultos estamos angustiados, preocupados y asustados (cuando no hemos entrado en pánico) por una situación inédita y universal. Frente a esto, no siempre estaremos en condiciones de sostener la paciencia ni las ganas necesarias para jugar con los niños o ayudarles a hacer la tarea. Y esto sin la posibilidad de llevarlos a la plaza o a un cine”, explica. A la vez, los niños “detectan los temores, las angustias, el malestar de los padres y quedan angustiados y asustados aunque no se les diga nada. En verdad, es mucho peor si no se les dice nada porque pueden suponerse responsables de lo que está ocurriendo y del mal humor de sus padres”, completa. “El modo en que los niños muestran su sufrimiento es particular. pueden demandar, llorar, comer de más, enfurecerse o cualquier otra opción. Hay que permitirles expresarse”, resume la experta.