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Un pequeño recorrido detrás del velo de los créditos del momento…

Dentro del crisol de problemas que acarreamos históricamente en Argentina, el habitacional es uno de esos que, independientemente del color político de turno, o el contexto económico mundial y local, se  mantiene siempre presente.

Varios han sido los intentos para solucionar esta falencia, aunque, a decir verdad parecen experimentos más propios del Dr. Frankestein que de cerebros económicos.

Así es como los créditos hipotecarios UVA acabaron por ver la luz en marzo de 2.016 con gran aceptación debido a que contaban con una cuota inicial baja (muy similar a la de un alquiler) y tasa fija a lo largo del préstamo. Claro que hay un detalle importante que fue pasado por alto en medio de la espuma y la algarabía por la posibilidad de canjear esfuerzo e ilusiones por ladrillos: cada deudor ha contraído una deuda que no es en pesos, tampoco en dólares… sino en UVA’s.

Para poder desentrañar lo que sigue en esta nota, debo explicar que la UVA o Unidad de Valor Adquisitivo representa la milésima parte de un metro cuadrado, es decir, el poseedor de 1.000 UVA es dueño de 1 metro cuadrado de construcción.

Pero, ¿por qué es tan importante recalcar el concepto UVA?. Justamente porque, si bien la tasa se mantiene fija durante la duración del préstamo, el capital se ajusta por el IPC (Índice de Precios al Consumidor), es decir que cada tomador de créditos va cancelando capital con cada cuota, pero a su vez ese capital se va ajustando mes a mes. Esto es más preocupante teniendo en cuenta que los créditos están diseñados con sistema de amortización francés, por lo cual la amortización de capital es muy pequeña hasta casi el pago del primer tercio; en pocas palabras: si el porcentaje de inflación es mayor que el porcentaje de capital que se está cancelando mensualmente, aún pagando en tiempo y forma, se va a estar debiendo más capital que antes de pagar.

Históricamente los créditos hipotecarios han sido deficitarios para los bancos debido a que la primer crisis que se planteaba en medio del plazo de repago terminaba licuando las cuotas y el capital adeudado por los deudores. Con los créditos UVA, al plantear una tasa fija sumada al IPC, los bancos se están asegurando de no perder el dinero prestado en medio de los vaivenes económicos, con lo cual se traslada el “factor riesgo”, que se incluye en cualquier ecuación de interés, al deudor. Por todo esto es que han salido hasta créditos para comprar vehículos en UVA’s y todos los bancos se han apurado a captar clientes en el mercado para las líneas hipotecarias ajustadas por este índice en desmedro de las líneas tradicionales.

No podemos afirmar que los créditos sean una mala herramienta, porque si la inflación se encontrara controlada, la tasa a pagar sería mucho más baja, pero el gran problema es que estamos en un país en donde cada siete, ocho o diez años tenemos una gran crisis y sufrimos de una recurrente tendencia a caer en procesos inflacionarios. La esperanza radica en que el índice de salarios crezca por encima del IPC, lo cual, como sabemos, es poco probable.

 Por eso, para los que peinamos unas cuantas canas, esto nos huele más a una nueva circular 1050 (como la del 80) que a una verdadera solución para el gran problema habitacional.