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Resulta complicado definir el primer cuatrimestre de este 2.018 sin apelar a palabras nefastamente calificativas, pero lo cierto es que los guarismos de ventas interanuales registrados en el presente año no nos dan demasiadas opciones.

 

Veamos un poco los fríos números. Según los informes del Observatorio Económico del Centro Comercial e Industrial de Venado Tuerto,  Enero marcó una caída cercana al 5% (4,72% para ser más precisos), aquí el peso de los saldos de las tarjetas post día de la madre y fiestas navideñas hizo mella en el consumo local. Febrero nos dejó una caída interanual más morigerada del 1,72% de la mano de varias compras pre inicio de clases y liquidaciones de fin de temporada. Sin embargo, lo que parecía un número un poco más alentador de cara al resto del año, se desmoronó en marzo con una baja del 5,17% y 51% de los comercios que manifestaron que sus ventas habían disminuido, contra, apenas un 16% que marcaban un dificultoso aumento a fuerza de sostener precios de ventas o aumentar promociones y liquidaciones. Por último, Abril nos arrojó otro guarismo en negativo cercano al 5%, el cual podría haber sido peor si no fuera por las promociones y espaldas financieras de las grandes cadenas de electrodomésticos e informática y la pasión que sentimos por poseer lo último que sale al mercado en estos rubros (no olvidemos que entre estos productos se encuentran los celulares, y en nuestro país hay más celulares que habitantes).

 

Hay varios invitados a la mesa de responsables de esta realidad. La caída del poder adquisitivo de los ingresos familiares se hizo más fuerte este año en donde, contando Mayo, ya nos comimos casi un 12% del mágico y poco creíble 15% que se aseguró desde el gobierno para forzar acuerdos de paritarias que no superen ese techo de cristal. Lo cierto es que, a este ritmo devaluatorio e inflacionario, deberán activarse las cláusulas de ajuste de paritarias más pronto que tarde para intentar recomponer el mercado interno.

Otro de los asistentes a la nombrada “mesaza” es el aumento del costo financiero general, lo cual impacta duramente en la línea de flotación de los consumidores, y más aún de aquellos que estaban utilizando sus “plásticos” para la compra mensual del hogar. Un costo financiero total superior al 100% para los pagos de “mínimos” han llevado a un ahogamiento y a un replanteo de consumos generales. Obviamente este comensal no aparece solo, viene de la mano de rupturas en las cadenas de cobro, con lo cual muchos comercios que financiaban solamente con DNI y recibo de sueldo se ven afectados y han optado por vender sólo al contado o con tarjetas.

Por último, y también de la mano, llegan como comensales el aumento de los servicios y la incertidumbre hacia el futuro. El primero golpea de lleno de manera doble al sector comercial ya que no sólo incrementa su estructura de costos, sino también la de sus clientes, por lo que el ingreso disponible de los mismos es menor y las compras se hacen cada vez más “cerebrales”. Las permanentes subas en la cotización del dólar han traído una importante incertidumbre por su traslado inexorable a precios, la liberación de los costos de los combustibles y su estrecha relación con el valor de la moneda extranjera (independientemente del costo del barril de crudo) no sólo trae un aumento de los costos logísticos, sino otra retracción del ingreso disponible de las familias, con su consiguiente impacto en el comercio local.

No son azarosas las liquidaciones por cierre que vemos en nuestros comercios, ni tampoco los traslados hacia zonas ajenas al microcentro comercial y financiero, de locales en búsqueda de disminuir la carga de los alquileres de la estructura de costos, antes de tener que tomar decisiones más duras como la reducción de personal o el cierre total.

Con este panorama es complicado esperar una mejora del sector en el presente año, sólo a través de una recomposición del poder adquisitivo de los ingresos familiares y de medidas tendientes al fomento del consumo podremos estar mirando lo que viene con ojos un poco más alentadores.