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La decisión de dejar un departamento suele estar motivada por la búsqueda de una mayor intimidad, espacios al aire libre y ambientes más amplios; las claves para la elección.

 

Después de vivir durante muchos años en un departamento, el sueño de una casa atrae en especial a quienes ven en este tipo de propiedades un oasis en medio de la ciudad y la posibilidad de acceder a una mejor calidad de vida. "La casa es un traje a medida", comienza la charla con la nación Pablo Tesler, de Tesler Propiedades. Sentir "el flechazo" en el momento de cerrar la operación es clave.

 

Ahora bien, cuáles son los puntos que debe considerar quien "hace el cambiazo" por primera vez. La ubicación es prioridad. "Se evalúa la cercanía a los colegios, lugares de trabajo, a la casa de familiares, centros de salud, centros comerciales y el acceso al transporte público", enumera Analía Greco, broker senior de la división residencial L. J. Ramos. "Obviamente, estos factores generan una mayor demanda del producto y por ende las casas que reúnen varios de estos requisitos levantan su cotización", aclara Ignacio Seri, socio gerente de Tizado y agrega que están quienes "prefieren las zonas residenciales exclusivas que siempre mantienen su valor incluso en momentos de crisis".

 

Otra variable es la zonificación, es decir analizar si la casa se encuentra en una zona residencial o mixta - con oferta comercial- ; y estar al tanto de cuáles son los usos permitidos en esa área. Estos datos permitirán conocer las posibilidades de que construya un local o un depósito en las inmediaciones. Para evitar sorpresas, hay que averiguar qué plantea y permite los códigos de planeamiento de cada ciudad.

Otro punto clave es la seguridad: si hay edificios en la zona con vigilancia o si hay garitas en las cuadras de los alrededores; independientemente de las medidas adicionales como la instalación de alarmas y cámaras.

 

Después hay otros factores que tienen que ver con la luminosidad, si cuenta con espacios verdes o libres como puede ser un patio o una terraza y su orientación -las preferidas son el Noreste y Noroeste favorecidas por la luz solar-. También hay que tener en cuenta el estado de conservación y antigüedad, estar atentos a los problemas de humedad y verificar qué tipo de calefacción tiene la casa, si existen calderas, si dispone de aire acondicionado, cómo es la presión de agua de las cañerías y si posee termotanques de alta recuperación.

 

Los papeles al día son fundamentales. Deben contar con el plano de mensura aprobado. Es importante chequear que la superficie real construida se corresponda con la que figura en la documentación aprobada.

 

Un análisis aparte merece la evaluación de los puntos a favor y en contra de cambiar un departamento por una casa. En las propiedades horizontales, el propietario suele contar con un lote propio por lo que tiene mayor intimidad y menor contacto con los vecinos, además de espacios al aire libre como un jardín o un patio y una terraza.

 

La mayor amplitud en los ambientes y la libertad de hacer reformas sin consultar a nadie son otras ventajas. Por otra parte, al ponderar el costo, si se comparan los metros cubiertos de una casa contra metros cubiertos de un departamento correspondientes a un mismo segmento, y sin tener en cuenta el patio o jardín de una casa, el precio disminuye entre 30 y 35 por ciento. Como contrapunto, por lo general, el costo de mantenimiento es mayor tanto interno como externo -jardines-y los impuestos suelen ser más elevados.

La falta de seguridad es otro riesgo porque las propiedades ubicadas en barrios abiertos están más expuestas a hechos delictivos y hay que contemplar el pago mensual del servicio -desde alarmas y cámaras hasta el pago en comunidad de personal de las garitas-. Además en cuanto a la forma de vida, las vacaciones suelen ser un problema por el temor que genera dejar la casa sola.

Los departamentos, por su parte, suelen ser más seguros y tienen un menor costo de mantenimiento y un servicio de encargado o una administración que se encarga de la solución de problemas comunes a diferencia de una casa donde el dueño no solo debe disponer del dinero para un arreglo, sino que además debe tener el tiempo para gestionarlos.

 

Fuente: Silvina Vitale  / LA NACION