Con su nuevo disco, el ex líder de Los Piojos se consolida como una de las voces más personales de todo el rock nacional

El primer video de Naranja persa es un homenaje a La naranja mecánica, la alucinada película de Stanley Kubrick de 1971, que subió genialmente la vara de perversión y violencia posibles en un film y que, al influjo de la novena sinfonía de Beethoven, marcó lateralmente la estética punk. El clip corresponde a un rocanrol que desborda clasicismo, "Similar", y lo que se ve es a Ciro y Los Persas tocando dentro de un tanque australiano sin agua pero con naranjas. Como Alex, el protagonista de la película, Andrés Ciro Martínez tiene un sombrero bombín, agita un machete y mantiene una mirada desorbitada. El homenaje es pura parodia. Lo que se muestra, finalmente, son las muchas maneras de exprimir una naranja: desde la presión de un botín de fútbol hasta el de un tacón de un calzado de mujer.

 

Naranja persa tiene como novedad que es un álbum doble, que va a ser completado en 2017. Esta primera entrega funciona como otra instancia -perfeccionada y con rasgos de una madurez letrística extraordinaria en su cotidianidad- de la línea de tiempo que funde coherencia y lealtad en un estilo. Ese estilo, patentado en aquellas noches piojosas de alcohol barato en el Teatro Arpegios, depuró. Ahora, con Los Persas (y más en este tercer disco), representa una vibrante síntesis de ritmo, blues, funk y rock & roll con armónica. La referencia a la película de Kubrick pasa a segundo plano y surge, oblicua, la Naranja mecánica de Holanda del 74: un relojito vertiginoso que sabía cubrir los espacios. Esos son Los Persas, con un sonido engordado con vientos, cuerdas y coros. La mesa está servida para regar de hits la temporada primavera/verano.

 

 

Las líneas de bronces se escuchan luminosas, frenéticas: desde "Amor prohibido" -una encrucijada de relaciones clandestinas- hasta la catarsis de "Juira!" -un funk adrenalínico, causa o consecuencia de "Amor prohibido", en el que Ciro canta: "[Ella] manda cartas documento como ayer cartas de amor"- el groove enmascara historias de tensión adulta sin tropezar con el AOR. Destaca en este sentido una balada prosaica que define otra de las variables de estar parado en el medio de la vida: en la trémula "Hoy te vas", Ciro le canta a una hija que protagoniza la aciaga contracara del "She's Leaving Home" beatle. "Hoy mi hija me visita en casa por primera vez/Traerá un vestido floreado, su sonrisa y su delgadez/Es que hace poco me dijo: 'Yo ya estoy grande y me quiero ir'", arranca la canción, y los versos se hunden en una interpretación dolida, sin golpes bajos. Andrés Ciro es, por capacidad dramática y por esa musicalidad de palabras arrastradas a lo Alberto Castillo, uno de los cantantes más personales del rock argentino. Sentado sobre una obra de perfiles honestos, toma carrera para saltar los decorados del rock y caer siempre parado, con los pies en el plato. Al final, es abducido por el espíritu de una zapada y entrega, como bonus track, el canónico blues stone "Little Red Rooster", de Willie Dixon, como quien exhibe -orgulloso, altanero- su DNI.

 

 

Mariano del Mazo / ROLLINGSTONE