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Juro que esta nota me la pidieron ayer lunes apenas terminado el discurso de nuestro señor presidente y a la espera del de Nicolás Dujovne. Sin embargo, y luego de ver varias veces las repeticiones de ambos, aún estoy esperando que detrás de cámaras salga el Oso Arturo para decir que era una broma para Tinelli, pero no sale nadie, así que no me quedará otra que ir desmenuzando ambos relatos.

Por un lado me quedó claro que los responsables de este momento son: la crisis de Brasil y Turquía… la mayor sequía desde el último diluvio de Noé, el aumento del precio del petróleo y de las tasas de Estados Unidos, la guerra comercial entre China y la presidencia de Trump… toda la población argentina, por no mostrarnos “unidos” y… algo la administración actual, por dar “algunas señales confusas” al mercado. El mismo mercado que (textuales palabras) “nos sostuvo 2 años por la euforia del cambio”. Por otro lado, en el día 999 del mandato actual, me asustan ciertas afirmaciones propias de un discurso de los primeros 100 días, que es el período de gracia y enamoramiento del pueblo para cualquier nuevo gobierno y es donde se toman todas aquellas medidas “antipáticas”.

Es positivo que se haya llegado a leer que se gasta mucho más de lo que se tiene… lo negativo es que se haya convivido casi mil días con 19 ministerios, con todo el gasto que ello conlleva y la descoordinación mostrada.

 

Pero vamos a las medidas económicas anunciadas por Dujovne.

Para “equilibrar” las cuentas hay que “profundizar el ajuste”, en lo cual se puede coincidir; el tema es en dónde se ajusta y aquí vemos que se echa mano a la obra pública… los gastos de salarios y planes de promoción a todo aquel que busca producir. ¿Alguna vez le tocará el momento de recortar a la “corporación política”? Por el momento parece que no, en un país en donde un tercio de los distritos provinciales cuentan con un sistema legislativo bicameral y en otros, con legislaturas únicas desmesuradas en comparación a la cantidad de habitantes.

En cualquiera de nuestros hogares, cuando las cuentas “no cierran” siempre existen 3 opciones: gastar menos,  aumentar nuestros ingresos o pedir plata prestada. En el caso de un país se suma una cuarta opción que es la de usar la mágica y tentadora maquinita de hacer billetes.

Veamos punto por punto. ¿Gastar menos está bien? ¡Obvio! El tema es dónde recorto. Cuando un cirujano plástico debe hacer una liposucción tiene bien en claro que lo que debe sacar es grasa y no músculo porque, de lo contrario, esa persona perderá algún tipo de movilidad. ¿Pedir plata prestada está bien? ¡Obvio!, depende para qué… si lo que busco es realizar algún tipo de inversión que posibilite obtener mayores beneficios o cambiar un crédito caro y a corto plazo por uno con menores tasas y a largo plazo. ¿Imprimir es lo correcto? Puede serlo para apoyar alguna medida de shock en un mercado deprimido y por un tiempo muy corto, claro que esto, en este momento, es contraproducente, teniendo en cuenta el nivel de circulante de la base monetaria del país, problema heredado de la anterior administración.

Mi abuelo, un tipo que hizo hasta tercer grado de una escuela rural, sabía muy bien que en época de vacas flacas  tenía que dejar de ir al cine o a alguna peña, pero que nunca debía hacerle faltar la comida a su familia o a los animales a su cuidado, por ende, si era necesario, salía a trabajar como peón para otros y así generar más ingresos para capear la situación. Con un país la situación es similar, la diferencia radica en que esos ingresos se logran exportando para así ingresar dólares a la economía. Lo desconcertante es que las medidas anunciadas apuntan a gravar justamente las exportaciones y con algo tan erróneo como retenciones de valor fijo en una moneda que viene depreciándose fuerte como es el peso. En limpio, si por cada dólar debo tributar cuatro o tres pesos (depende de lo exportado) ¿qué me va a convenir más? Obviamente un dólar con una cotización mayor, con lo cual le estamos sumando más temperatura al mercado de divisas, en lugar de aliviarla… es de manual. Por qué no buscar recursos gravando las importaciones de aquellos productos que se producen en el país o bien el tipo de cambio de aquellos dólares que gastamos los argentinos en el exterior o los “blanqueados” por cada una de las diferentes administraciones estatales. Incrementar gravámenes a aquellos que producen, con este nivel de “bicicleta financiera” es desalentar  aún más a aquellos que arriesgan capital para producir bienes y servicios.

No hay que pasar por alto que cada nueva medida aporta un  ladrillo más  a una casa que venimos construyendo hace ya varios años (y durante varios gobiernos) sin un plano claro, lo cual la hace carecer de lógica y sentido… cada nuevo albañil clausura ventanas y puertas mientras que los que dirigieron antes esta caótica obra, están con picos y palas esperando que errores propios y presiones ajenas hagan que decidamos cambiarlos… y así nos pasamos repitiendo la historia en un país tartamudo, como diría Enrique Pinti.

Por todo esto esperemos que Dujovne termine estudiando y rinda introducción a la economía y deje de pedir perdón a los “mercados” por dar señales equívocas, o bien que aparezca, con su enorme y violácea figura el oso Arturo, para decirnos que estábamos en medio de una cámara oculta para el Show de Video Match.

 

Lic. Ezequiel Coello