Por Diana Rojo - ¿En ocasiones no quisieras que tu vida fuera una película, donde eres el actor que tiene oportunidad de volver a interpretar todo de otra manera?

Sin duda, una de las películas más taquilleras del actor Robert Downey Jr. ha sido Ironman, el personaje que por un lado es un empresario multimillonario director de empresas dedicadas a la tecnología, y por otro, un superhéroe con una armadura tecnológicamente avanzada, dignos de una extraordinaria ciencia ficción.

Recientemente, haciendo uso de la tecnología, leía en mi teléfono celular una noticia que me conmovió, ya que el actor caracterizado como El magnate Tony Stark/Ironman, en apoyo al grupo Limbitless Solutions, hicieron llegar a un pequeño de siete años, un brazo mecánico realizado a medida, con ayuda de una impresora 3D.

Durante el video donde los involucrados muestran como sucedió todo, se puede apreciar a un Robert Downey con un semblante rejuvenecido, casi con la misma expresión de gozo que el chico de siete años, y por supuesto con una imagen totalmente saludable. Hace unas décadas esta escena solo hubiera sido posible en una película de ciencia ficción.

Es de conocimiento público los difíciles años de juventud que Downey tuvo que enfrentar preso de las drogas y el alcohol, así como el sin fin de consecuencias que sus adicciones le acarrearon, tanto emocionales, como en el trabajo y la ley. Parecería algo lógico debido a que el acercamiento del actor al consumo de drogas, fue por medio de su propio padre, a la edad de 6 años; algunas notas de prensa refieren que Downey Jr. ha dicho que era la forma en la que ellos establecían un lazo afectivo y de comunicación.

A pesar de que su carrera profesional se vio seriamente afectada, al grado de ser catalogado como un actor de alto riesgo, decidió no seguir sometido a excesos y hasta el día de hoy ha logrado mantenerse sobrio, lo que le ha permitido tener el control de su vida no solo en su profesión, sino logrando equilibrio en lo personal, al grado de que ahora es considerado por la revista Time como una de las personalidades más influyentes en el mundo, por superar sus problemas de adicción.

Esto me hace pensar en situaciones en las que aun siendo adultos, nos involucramos a pesar de resultarnos completamente dañinas. Permanecemos en ellas porque es la única forma que conocemos, porque creemos que no hay otra opción o creemos merecerlas.

¿Existirá alguna alternativa? Sí, y podemos encontrarla en el perdón.

El Dr. Fred Luskin, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, reconoce que, por siglos las tradiciones religiosas y espirituales han recomendado la práctica del perdón como un bálsamo contra los sentimientos heridos y de enojo.

Por ejemplo, el fragmento de la oración cristiana del Padre Nuestro dice: “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

La reconocida metafísica Mary Baker Eddy cita en su libro best seller Ciencia y Salud: “Cuando el pecado es destruido no necesita otra forma de perdón”; y una de las definiciones de La R.A.E. para pecado es: Exceso o defecto en cualquier línea.

Pero, ¿quién nos perdona y a quien debemos perdonar? El tomar conciencia de nosotros mismos nos permite reconciliarnos con nuestra identidad espiritual, la cual tiene su origen en el Amor divino. Ese Amor siempre está dispuesto a perdonar los excesos cometidos, una vez que estamos dispuestos a no incurrir en ellos una vez más, como ocurrió con Downey Jr.; esto sin duda es un buen comienzo para aprender a perdonarnos, perdonar a los demás y en consecuencia obtener beneficios para nuestra salud, tal como lo exponen estudios recientes en Psicología.

La investigación de la terapia del perdón de Luskin demuestra que el aprender a perdonar ayuda a aumentar la vitalidad física, la esperanza, la eficiencia, el optimismo y la habilidad de resolver conflictos.

Y concluye, “El perdón puede ser visto como un ejemplo análogo de la capacidad de ver la vida de uno, a través de una lente de curación. De esta forma el perdón puede ser, como las tradiciones religiosas han afirmado desde el principio, un rico camino para mayor paz y entendimiento, el cual tiene valor tanto psicosocial como fisiológico.”

Después de perdonar, viene la oportunidad de un nuevo comienzo. No importa que tan pesada u obscura parezca nuestra historia, o que tan graves hayan sido nuestros errores o los de otros que nos han afectado. Cada día hay la posibilidad de renovarse y de buscar alternativas de solución a los retos.

Aunque se vuelva a empezar, jamás se inicia de cero, siempre la experiencia deja una enseñanza para aplicar.

El perdón y la renovación nos dan la oportunidad de mantener una vida equilibrada y saludable.

Diana Rojo es Comité de Publicación de la Ciencia Cristiana para México y escribe sobre salud y bienestar, desde una perspectiva espiritual.

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