POR Elizabeth Santángelo

 

 

A veces oímos decir: “yo soy así, heredé el carácter de mi abuelo, no voy a cambiar”.

Esta “herencia”, muchas veces los identifica con el mal humor, propensos a la mentira, holgazanes, agresivos, irritables o bien tímidos, apáticos, orgullosos y un sin fin de clasificaciones más que se pueden catalogar como una identidad o personalidad adquirida. En este marco se incluyen las relaciones afectivas o vínculos emocionales e intelectuales de las personas.

Pero pensemos un momento: cuando estos rasgos de carácter o vínculos con las demás personas se vuelve perjudicial, hasta para la salud, es posible cambiar y mostrar autenticidad y transparencia para poder sociabilizar tanto en el núcleo familiar, laboral o en la misma sociedad al estar en contacto permanente de unos con otros.

Hay infinidad de ejemplos en que nos muestran que hombres inseguros o temerosos, teniendo que cumplir con una misión, estuvieron dispuestos a servir y a sentirse útiles, cambiando su naturaleza humana para beneficio de un grupo de personas o de una nación.

Podemos verlo como un ejemplo de la transformación humana, de una posibilidad de sanar los rasgos que no benefician ni cooperan con el crecimiento ni con la madurez. Esos valores no pasan de moda, están siempre vigentes y actuales.

La historia está llena de relatos en donde fue posible hacer el cambio, como se dice comúnmente, lograr hacer un “click”.

 

Cada discípulo de Jesús, también tuvo que experimentarlo antes de transformarse en su seguidor, tuvieron que renunciar a cierta forma de vivir, cambiando sus métodos humanos. Tuvieron que re-educarse y reformar su carácter humano,  a fin de sanarse a sí mismos para poder ayudar a sanar a los demás.

. Pedro, pescador impulsivo e irrespetuoso, mezcla de orgullo y humildad; justiciero.

. Mateo, cobrador de impuestos, hombre rico y acomodado pero muy ambicioso.

. Tomás, era difícil de convencer, siempre dudó.

. Santiago y Juan mostraron impaciencia inmadura.

Sin embargo, cada uno pudo consagrarse y comprometerse a llevar las enseñanzas de Jesús a las multitudes, siendo modelos de lo que significa ser un ciudadano transparente y bueno.

¿Cómo lograron cambiar su naturaleza?

El toque del Cristo, la presencia de Dios, los transformó, al tener sólo el propósito y misión de restaurar, perdonar y sanar.

¿Podemos cambiar los rasgos indeseables nosotros también?

¿Por qué no?  Sí que podemos. Es teniendo iniciativa espiritual, disposición y valor pues éstas son condiciones naturales de la verdadera identidad.  Sobre estas bases puedes no solo sentirte una nueva persona sino además alcanzar la salud mental y emocional.

Mary Baker Eddy,  pionera de un sistema de curación espiritual en el Siglo XIX, concluye que “al purificar el pensamiento humano, este estado de ánimo penetra con acrecentada armonía todas las minucias de los asuntos humanos. Trae consigo previsión, sabiduría y poder maravillosos; le quita el egoísmo al propósito mortal, da firmeza a la resolución y éxito al esfuerzo”.

Al despertar a una nueva vida, así como un escultor ante una piedra uniforme logra a través de su cincel dejar aparecer la imagen que ya tiene en su mente antes de crearla, cada uno puede descartar los rasgos que no concuerdan con su genuina identidad.

Descartar esos rasgos que no te pertenecen es la oportunidad para hoy, descubriendo tu ser auténtico, pleno y satisfecho.

Estás a tiempo…

 

 

Elizabeth integra el Comité de Publicación de la Ciencia Cristiana, en Argentina.

Síguela en Twitter: @elisantangelo1

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