Por Elizabeth Santángelo -  Apostar por la resiliencia significa animar en las personas la fuerza de sobrellevar situaciones destructivas y reconstruir la capacidad de autoestima.

 

Esto mismo puede ser aplicado en situaciones de diagnósticos que ponen en peligro la salud y la tranquilidad de muchos pacientes.

Esta capacidad es tan antigua como el mismo hombre, muchos pueblos a través de la historia tuvieron que resurgir de catástrofes, guerras, exterminios. Éstos son ejemplos indiscutibles de conductas sociales resilientes.

La medicina posee muchos campos de acción para recurrir a la resiliencia, dado que su ejercicio siempre implica a dos o más personas, en situaciones, muchas veces límites.

Mary Baker Eddy, investigadora de la relación que hay entre el pensamiento y su efecto en el cuerpo, defensora del tratamiento mental en el Siglo XIX, experimentó situaciones que podrían haberla llevado al caos, física y emocionalmente.

Descubrió que podía hacer mucho por ella misma al defender la salud como única plataforma sólida ante la adversidad. No se dejó influir por el desaliento ni por el temor en ningún sentido.  Le dio real valor a la autoestima y al autoconocimiento.

Entendió que a medida que la condición sea alarmante o difícil, tanto más fuerte y sincera tiene que ser la fe y la confianza en el bien, y así salir victoriosos.

La salud mental es evaluada mediante la correspondencia entre la conducta de un individuo y el comportamiento esperado por el grupo social al cual pertenece.

Una persona en crisis puede desajustarse y alejarse de lo que se espera de ella socialmente,  máxime cuando se desconocen las causas de su estado.

El paciente que más contribuye con la curación es aquel que mantiene su espíritu y esperanzas por encima de la condición física, y está dispuesto a mantenerse firme desde una base en donde no examine ni saque  las conclusiones  que debería dejar a la medicina.

El miedo sugiere estar lejos del bienestar y la efectividad en la curación.

Si queremos estar sanos tenemos que defender la salud.  Si queremos ser felices, optemos por ponernos del lado de la felicidad y de un entorno armonioso.

Estos tesoros del carácter modelan y transforman a cualquier persona que desee estar sana, no dejándose influir por la derrota o el escepticismo.

La fe y la confianza ayudan a elevarse espiritualmente y a conducirlo hacia la curación definitiva.

La resiliencia permite a las personas, no obstante en condiciones adversas, salir indemnes y transformadas positivamente por dicha experiencia. Es experimentar una nueva forma de contemplar la vida y percibir que la salud y el bienestar es una condición de la Mente y no de la materia.

Ante cualquier dificultad, tienes dos opciones: salir victorioso o derrotado.

¿Por cuál optas?

 

 

 

Elizabeth integra el Comité de Publicación, en Argentina, y escribe reflexiones desde su perspectiva como profesional de la Ciencia Cristiana. Síguela en Twitter: @elisantangelo1   -  Facebook: Elizabeth Santangelo de Gastaldi