Por Elizabeth SantángeloCrisis puede tomarse en dos sentidos: como sinónimo de recesión, depresión, perturbación o bien encausarla hacia un cambio, evolución, transformación.

 

¿Vivís estresado por la crisis e inflación del país?

Esta alternativa puede ayudarte a lograr tu serenidad.

Crisis puede tomarse en dos sentidos: como sinónimo de recesión, depresión, perturbación o bien encausarla hacia un cambio, evolución, transformación.

Podríamos definir el bienestar en sus aspectos claves:

1) Actitud positiva.

2) Creatividad para encausar nuevas fuentes de trabajo.

3) Valoración de sí mismo y hacia los demás. 

4) Equilibrio en las finanzas.

Hay un indicativo común en todos estos aspectos: la espiritualidad.

Porque a través de la espiritualidad podemos pensar correctamente, generar ideas creativas, encontrar real valor a las cosas y el valor que cada uno tiene en su verdadera esencia.

Es evidente que hay dos caminos para entender hacia dónde ir en un país en crisis: aceptar los cambios y adaptarse, o la transformación que generan estos cambios.

Sin embargo no siempre se tienen pensamientos de este tipo, sino que  el desaliento,  y la falta de esperanzas parecería que están a la orden del día.

Las herramientas que ofrece la práctica del cristianismo son útiles en estos casos, cuando sabemos confiar en un poder superior,  para salir de cualquier dificultad y llevar a cabo cada compromiso.

Es alentador que como integrante del Comité de Publicación, he reparado en lo que escribió Alfred Farlow, primer Gerente de los Comités de Publicación de la Ciencia Cristiana, nombrado en enero de 1900 por Mary Baker Eddy. En una carta explica en qué se basa el trabajo del mismo: “debe mantenerse alerta”, “gran poder de resistencia”, “ser un trabajador incansable”, “excelente tacto para los negocios”.

Y continúa: “¿Quién podría estar tan capacitado? En medio de estas exigencias resuenan las palabras de Cristo Jesús: ‘No puedo yo hacer nada por mí mismo’”.

Estas condiciones marcan el rumbo para llevar adelante cualquier actividad en el presente.

Recuerdo un proverbio muy antiguo que dice: “Hacer las mejores cosas en los peores momentos”, y esto es precisamente útil en lo cotidiano.

Hacer las mejores cosas en los peores momentos, es cuestión de actitud y conducta. Esto incluye la posibilidad de revisar nuestras inversiones en cuanto a la economía. Endeudamiento a causa del uso exagerado de tarjetas de crédito, el consumismo y las compras sin evaluar la necesidad que tengamos de las mismas.

A mi entender hay aspectos para salir de la mediocridad y contribuir a tener un país más productivo.

Por ejemplo si se trata de un trabajador, cualquiera sea la rama a que se dedique, requiere de cumplimiento, honestidad, cooperación, eficiencia.

 

No obstante, y paralelo a este razonamiento, algo que me llamó la atención fueron las últimas inundaciones en Capital y Gran Buenos Aires, en donde había tramos de la ciudad donde la corriente del agua venía con mucha fuerza.

 

Observé cómo las personas sin conocerse entre sí, se tomaban fuertemente de la mano procurando hacer una barrera contra el agua y así poder sostenerse para caminar unos metros hacia una zona más segura.

 

También últimamente ante el huracán Matthew en Centro y Norte de América. Todos cooperando para un mismo fin.

 

Estos ejemplos nos muestran que es posible sacar lo mejor de cada uno en los momentos más intrincados, y esta actitud sin lugar a dudas, coopera con la solución y avance no solo de un país sino también como individuos con un mismo criterio y objetivo.

 

Mantener un equilibrio en donde parecería que las situaciones se van de nuestro control, es hacer uso de la libertad mental que nos pertenece, y despertar a una nueva forma de hábitos y de costumbres que sean también  capaces de hacernos solidarios y cooperativos con los demás.

 

 

 

 

Elizabeth integra el Comité de Publicación, en Argentina, y escribe reflexiones desde su perspectiva como profesional de la Ciencia Cristiana.

 

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