Dos leches, una manteca, desinfectante y pan lactal; los 10 mejores guitarristas de la historia. ¿Por qué nos gustan tanto las listas? ¿Qué recompensa recibe nuestro cerebro al hacerlas? Las neurociencias lo responden.

 

Tachar. La lapicera se acerca al cuadernito de doble espiral y comienza a tachar uno de los tantos ítems de la lista de tareas de la semana. La satisfacción de ese rayón dura apenas unos segundos, pero la gratificación de habernos sentido productivos es más duradera. Es que esa manera sencilla de ordenar la vida nos hace suponer que podemos ordenar el caos. Pero ¿por qué ocurre este fenómeno? ¿Estamos un poco mal de la cabeza para preocuparnos tanto por un retazo de papel garabateado?

 

Probablemente alguna patología del trastorno obsesivo compulsivo forme parte de nuestra maltratada psiquis; sin embargo, los célebres neurólogos del siglo XXI tienen -cuándo no- una explicación científica para este fenómeno. El ya reconocido Mariano Sigman, autor de La vida secreta de la mente y actual director del Laboratorio de Neurociencias de la Universidad Di Tella y de la UBA, grafica la respuesta con una anécdota: "Una lista es la capacidad del ser humano de aventurarse al futuro y ponerse objetivos. En el fútbol, por ejemplo, cuando le tiran un centro al nueve y la pelota se va muy lejos, el jugador no la corre porque sabe que no la va a alcanzar. Puede simular el futuro y darse cuenta de que no tenía la posibilidad de prolongar su racha goleadora". En definitiva, todo el tiempo estamos representando el futuro. ¿Esa simulación se establece en forma de objetivos, entonces?

 

"Todo el tiempo estamos conjeturando el valor de las cosas. El sistema de recompensa del cerebro, que se ejecuta a través de la molécula de dopamina, funciona comparando lo que lográs en función de las expectativas que tenías", sigue Sigman. Acá es, entonces, cuando empieza a jugar el valor de las listas: "Vos tenés un objetivo final y se resuelve cuando tachás, por ejemplo, los 16 elementos de la lista. Cada uno de esos tachones significa que estás más cerca del objetivo final. Tachás uno y es como si te cobraran penal a favor, tenés un gol. No ganaste el partido, pero estás más cerca y entonces cambia tu función de valor. Así funcionan todos los mecanismos de recompensa".

 

Un fanático de la materia fue el reconocido escritor italiano Umberto Eco, fallecido el pasado febrero, a los 84 años. El asunto lo entusiasmó tanto que hasta decidió escribir un libro, en colaboración con el museo parisino del Louvre. En El vértigo de las listas, Eco comenta la evolución del concepto a través de la historia. "La lista es el origen de la cultura. Es parte de la historia del arte y la literatura. ¿Para qué queremos la cultura? Para hacer más comprensible el infinito. También se quiere crear un orden -no siempre, pero a menudo-. ¿Y cómo, en tanto seres humanos, nos enfrentamos a lo infinito? ¿Cómo se puede intentar comprender lo incomprensible? A través de las listas, a través de catálogos, a través de colecciones en los museos y a través de enciclopedias y diccionarios", decía este semiótico, algunos años atrás, al sitio Spiegel.

 

Calma para tu mente

 

En un estudio citado en The New Yorker, los psicólogos Claude Messner y Michaela Wänke investigaron cómo aliviar el llamado "paradigma de elección", un fenómeno que explica que cuanta más información y opciones tenemos, peor nos sentimos. Los profesionales concluyeron que nos sentimos mejor cuando reducimos la cantidad de trabajo consciente que tenemos que hacer para procesar algo. Es decir que cuanto más rápido elegimos, más felices estamos. Y sí, una vez más, la solución son las listas: a través de ellas logramos plasmar las diferentes opciones e ir descartando aquellas que menos nos convengan. De esa manera se reduce el denominado trabajo consciente.

 

No hay que ser científico, sin embargo, para comprobar que es algo que solemos hacer no solo a diario, sino en situaciones extraordinarias, y a veces estresantes, como un viaje. ¿Quién no anotó en su cuaderno de viajero el listado de sitios para visitar? "Todos tenemos una vocación por ordenar las ideas en algún formato. Cuando tenemos un conjunto de ideas, palabras o fragmentos que queremos recordar, les encontramos un orden, el cual forma una suerte de narrativa. Si ese orden es una lista o no puede ser circunstancial. Lo que sí es seguro es que uno le da una cierta estructura que tenga sentido", concluye Sigman. Y ahí aparece nuestro cerebro, ávido de emitir la ansiada recompensa en forma de dulces de dopamina.  

 

Por Julián Polo