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El grupo alemán se convirtió en un gigante mundial de los pesticidas y las semillas al cerrar la compra de la compañía estadounidense Monsanto, con la intención de ofrecer una agricultura cada vez más estimulada por la biotecnología.

La adquisición por 63.000 millones de dólares (54.000 millones de euros), la mayor jamás realizada por una compañía alemana en el extranjero, fue anunciada por Bayer el jueves por la tarde en un comunicado, precisando que la integración concreta de Monsanto empezará "dentro de unos dos meses".

Según el acuerdo alcanzado en mayo con el departamento de Justicia de Estados Unidos en nombre del equilibrio de la competencia, Bayer tiene que cerrar primero la venta de 9.000 millones de dólares de sus actividades, que cederá principalmente a la compañía alemana BASF.

Una operación que conlleva "un alto riesgo para la reputación, pero también enormes oportunidades de mercado", resumía el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Bayer trató de disipar la polémica que rodea a la empresa estadounidense al anunciar el lunes la supresión de la marca "Monsanto", sinónimo para sus detractores de las peores facetas de la agroquímica y asociada a una serie de acciones judiciales. 

Pero la operación es meramente cosmética: las marcas pertenecientes a Monsanto conservarán sus nombres, como Dekalb (semillas de maíz y colza), De Ruiter (semillas hortícolas) o Round Up, un controvertido herbicida acusado de ser nocivo para la salud. 

 Bayer quiere aprovechar las enormes oportunidades generadas por la necesidad de producir más en superficies limitadas. 

En el futuro Bayer encabezará un sector en pleno proceso de concentración empresarial, el año pasado, la compañía estadounidense Dow Chemical se fusionó con su compatriota DuPont, y la china ChemChina compró la empresa suiza Syngenta por 43.000 millones de dólares, dos operaciones que preocuparon a los defensores del medioambiente. 

"Los tres nuevos conglomerados", DowDupont, ChemChina-Syngenta y Bayer "controlarán más del 60% del mercado de las semillas y la agroquímica", "suministrarán casi todos los OGM (organismos genéticamente modificados)" y "tendrán la mayoría de las patentes sobre las plantas", señalaba el año pasado la Fundación Heinrich Böll, cercana a los ecologistas alemanes. 

Bayer responde prometiendo "escuchar" y "trabajar juntos" con sus detractores, pero reitera que la agricultura "es un tema demasiado importante para que divergencias ideológicas impidan el progreso". 

Desde el futuro del glifosato, un herbicida muy cuestionado en Europa, hasta el de los OGM, el porvenir del sector depende en gran medida de las futuras políticas medioambientales y de seguridad alimentaria.

"Los continentes en pleno auge son África y América Latina", mientras que Estados Unidos y Asia "siguen desarrollando su agricultura con preocupaciones medioambientales", y Europa se distingue por su hostilidad hacia los OGM, resumía el lunes el presidente de Bayer Francia, Frank Garnier.