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La oratoria es una herramienta muy valiosa para utilizar a la hora de negociar y lograr nuestro éxito empresarial.

Para hacer uso de ella hay que dominarla, una vez logrado este dominio podemos comenzar a descifrar qué hay detrás de las palabras como así también del lenguaje no verbal como lo son las miradas, los gestos, la vestimenta y los movimientos.
Dominar la oratoria significa saber qué decir, cómo decirlo y para qué decirlo utilizando las palabras justas y necesarias. Tarea nada fácil si nos encontramos en desigualdad de condiciones frente a un orador que domina el significado de las palabras. En importante saber que no cualquier palabra es aconsejable para recibir a una persona y menos aún para despedirla.
Quién ha profesionalizado su capacidad de negociación hará uso del recurso de la palabra para llevarnos hacia dónde este desee y será tal el dominio que sin darnos cuenta estaremos inmersos en su decisión.
Debemos aprender a pensar antes de hablar, una vez que lo hicimos debemos buscar las palabras a utilizar y tener en claro que estas palabras nos llevaran a lograr nuestra negociación o a fracasar en ella. Recordemos también que es grato dar una respuesta, pero mayor aún es dar la respuesta oportuna.
Por otra parte, el lenguaje no verbal también incide en el resultado de una negociación. Saber que nada es un detalle a la hora de negociar nos hará líderes en nuestros negocios. Debemos saber que sonreír es positivo, la clave es cuando esbozar una sonrisa y cuando omitirla.
Nada debe quedar librado al azar, ni siquiera el color de la corbata que se debe usar para una reunión. Teniendo el dominio del lenguaje no verbal sabremos qué color debo usar para impactar, qué me dice el color de la corbata de quién llega a negociar, como así también los tonos de vestimenta aconsejables para determinado tipo de negociaciones.
Con respecto a las miradas, tendremos que prestar principal atención a ellas y notar de qué ángulo nos mira el otro y si su mirada es de arriba hacia abajo o viceversa, si nos mira a la altura de la frente, si nos mira la vestimenta o los accesorios (reloj, por ejemplo).
En conclusión el empresariado debe profesionalizar su discurso para marcar así la diferencia y lograr mayores y mejores resultados en sus negociaciones. Debe dejar de pensar que la improvisación les da resultado y prestar atención a las palabras y más aún en descifrar las imágenes que se le presentan frente a ellos. Así estaremos en un nivel de profesionalización que optimizará su nivel de negociación frente al medio.