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Son combinados que utilizan bebidas de menor graduación alcohólica y sustitutos del azúcar tradicional. Una receta para probar.

 

María Paula Bandera / CLARIN

 

Beber alcohol en exceso impacta en la salud y es sinónimo de resaca, pero hay otro efecto colateral: el aumento de peso. Es que aporta siete calorías por gramo, casi el doble de los carbohidratos, que proveen solo cuatro.

 

Y si bien algunos ven en los cócteles sin alcohol -también llamados mocktails- una vía de salvación, los amantes de la coctelería no se dejan atrapar por esa paradoja y quieren beber las cosas por su nombre: un cóctel, por definición, lleva una base alcohólica, sin esta no es tal. Es así, entonces, que aparecen en escena los Low-Calorie Cocktails o, en español, cócteles bajos en calorías.

 

Se trata de combinados que utilizan bebidas de menor graduación alcohólica y sustitutos del azúcar tradicional.

 “Ya hace un tiempo que la gente pide productos alternativos al azúcar, como Stevia o edulcorante para hacer una caipiroska o te pide un Cuba Libre con gaseosa light”, cuenta Sebastián Maggi, Brand Ambassador del Portfolio Reserve de Diageo, y agrega: “Igualmente, cada vez es mejor la recepción de tragos no tan dulces”.

 

Leandro Milan, mixólogo y director de bebidas de Tetuan, Benaim y otros reconocidos gastropubs, da sus claves para lograr un cóctel bajo en calorías: “Usar una bebida fermentada, como el vino, en lugar de una destilada, y miel como sustito del almíbar. Otra opción es el azúcar de coco que tiene bajo índice glucémico. Stevia y edulcorante no los recomiendo porque cambian mucho el sabor final”.

 

Si el trago es de perfil frutal, otra clave para hacerlo más amigable con la balanza es utilizar frutas naturales en lugar de pulpas enlatadas o frutas en conserva.

 

Un recurso sencillo es elegir cócteles que lleven hielo, ya que ocupa espacio y, al derretirse, diluye la bebida.

 

Claro que reducir las calorías provenientes de almíbares, syrups y otras fuentes de glucosa es relativamente fácil, pero no sucede lo mismo con el alcohol. Es que casi todos los destilados (gin, ron, tequila, etc.) tienen alrededor de 65 calorías por onza y los tragos suelen llevar más de una. El gin tonic, por ejemplo, es uno de los cócteles menos calóricos y, aun así, posee en su versión clásica alrededor de 180 calorías, ya que combina entre 2 y 3 onzas de gin y casi el triple de tónica.

 

Es por eso que, en los mercados más desarrollados, la industria de las bebidas espirituosas trabaja en el desarrollo de destilados con menos graduación alcohólica. El mes pasado, Ketel One presentó su línea Botanicals; se trata de un vodka que, a diferencia del tradicional, contiene botánicos y una graduación del 30%, contra el 40% de la versión clásica.

 

En rigor, no se trata de un vodka, ya que según la legislación europea y estadounidense para recibir esa denominación se requiere una graduación alcohólica mínima del 37,5%, pero al tratarse de desarrollos nuevos, sin precedentes en el mercado, todavía no existen categorías en las cuales encuadrarlos.

 

Por supuesto, cuando el plan es restringir calorías las cremas están en la lista negra, también a la hora de beber, por eso si un trago tiene licor, mejor pasarlo por alto. La buena noticia es que en los bares argentinos son poco frecuentes, “en otros países del mundo se beben tragos más pesados, con huevo, cremas… hay cócteles con licor de café, helado de crema, Baileys, eso acá no existe, el argentino prefiere cócteles más frescos y suaves”, indica Maggi.

 

Por último, el alcohol tiene otra contra que lo enemista con la balanza: su propiedad de abrir el apetito; de ahí el famoso vaso o copa de aperitivo antes de sentarse a la mesa; “según diversos estudios, el etanol tiene efectos a nivel del hipotálamo, ya que estimula un conjunto de hormonas que aumentan el apetito e inhiben la sensación de saciedad”, cuenta la licenciada en Nutrición Daniela Espíndola y agrega un dato: “Otras investigaciones encontraron, además, que el alcohol favorece la elección alimentos salados y más grasosos”.

 

En cuanto a la idea popular de que “fija las grasas”, Espíndola explica: “No es que las fija, si se produce un exceso, entre alimentos y bebidas, eso genera un plus de calorías que se almacena como grasa”.

 

En definitiva, el alcohol y la balanza pueden llevarse bien, solo se trata de apelar a la moderación y elegir el cóctel correcto.

 

Receta Yeca Porteña / por Leandro Milan

 

️2 oz de vino tinto

 

️1 oz de vodka

 

️1 oz de almíbar de azúcar de coco

 

️frutos rojos

 

️Jengibre