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La corrida cambiaria de la semana pasada, dejó en una complicada situación al comercio minorista de algunos rubros, especialmente a los ligados a productos importados. 

 

La incertidumbre en cuanto a la cotización del dólar, llevo a muchos a congelar las ventas y no emitir presupuestos, ya que la reposición de mercadería e insumos podría aumentar significativamente.

Según los analistas, una de las causales fue que, en diciembre del año pasado, desde el Banco Central disminuyeron las tasas de la LEBAC, lo cual generó mayor demanda de dólares y en marzo, mayo y julio de 2018 se produjeron las alzas más significativas, alcanzando este pasado jueves casi los 40 pesos.  

Hoy un comerciante no sabe si le conviene vender (lo cuál es la base de su economía y sostenimiento de las fuentes de trabajo), o si conviene adquirir stock (opción difícil porque algunos proveedores están en la misma situación) ya que las variaciones del dólar, más la incidencia que la moneda extranjera tiene en la actividad (entiéndase servicios, costos logísticos, etc) impactan de lleno en los precios. El mayor temor es que no se puedan reponer los productos.

En esta ecuación, el comercio minorista, también atado a las decisiones de proveedores y cadenas, se ha visto en jaque. La venta con cautela, la merma en la demanda, el aumento en los servicios y la presión impositiva, dejan acorraladas a las pymes, que hoy más que nunca deben recurrir a su creatividad para poder sostenerse.