La forma de viajar, definitivamente va a cambiar, aunque tengamos vacuna, nadie va a ser igual después de esta traumática experiencia.

Es complicado ser optimista cuando el sector turístico pasa por su peor momento, con un panorama claramente desastroso, sin capacidad de proyectar a corto y mediano plazo, donde todas las variables son inciertas, y la diaria es apremiante.

Es real también que dentro de la incertidumbre que vivimos, empiezan a aparecer algunas premisas que nos pueden ayudar a pensar mejor y a devolvernos el optimismo perdido.

A priori, hay dos premisas que nos pueden ayudar a pensar mejor el futuro. La primera, que tendremos un primer veranito económico, con la apertura de turismo bajo protocolos. Pero con seguridad hasta que la vacuna no sea de aplicación global, el mundo no va a moverse de forma habitual. La segunda, es que la forma de viajar, definitivamente va a cambiar, aunque tengamos vacuna, nadie va a ser igual después de esta traumática experiencia.

La explosión turística, ya sea bajo protocolos o con vacunas, va a ocurrir en todo el mundo, vamos a salir a vacacionar en masa, como ya está ocurriendo en Europa con el objetivo principal de cortar el encierro. La industria golpeada, va a poner a su disposición tarifas, flexibilidad, oportunidades como nunca antes. Viajar va a ser económico y accesible para una gran cantidad de gente, en los próximos tiempos.

En nuestro país, el turismo interno va a ser un gran boom, ya que además, tenemos que considerar los aumentos en los gravámenes para consumir en el exterior y el plan de incentivos del Estado con la devolución del 50% de lo pre comprado durante lo que queda del 2020. Aquí hay una primera oportunidad para reactivar y tratar de poner en marcha la capacidad operativa del sector, sin más análisis.

Pero pasada esta primera etapa, con seguridad comenzará una etapa más reflexiva donde gran parte de los consumidores de turismo mundial, van a buscar nuevas formas de experimentar el mundo y de relacionarse con los destinos. Si bien es difícil saber cuál va a ser la tendencia final, podemos anticiparnos y poner en valor conceptos y formatos que actualmente existen, basados en una relación responsable con el planeta.

Esta nueva mirada, le exige a la industria dejar de pensar como prestador de servicios en forma particular, para entender el concepto de destino, en forma mancomunada, donde todos deben estar incluidos. La puesta en valor depende no solo de los privados, sino también del Estado, en un vínculo estratégico y maduro, buscando el bien común, fomentando el desarrollo equilibrado del turismo, y de la comunidad que lo acoge. De nada sirve salir a competir por precio, pues el valor de la experiencia y su correcto balance con el entorno es lo que atraerá a los nuevos consumidores.

Viajar de forma inteligente y ecológica será una opción más que válida una vez que aparezca la tan ansiada vacuna, tal como lo asegura Elaine Glusac en su artículo del New York Times de agosto pasado; visión con la que afortunadamente coinciden muchos operadores argentinos. Definitivamente habrá un quiebre entre la forma de viajar pre y post marzo de 2020. Un turismo más meditado, ecológico, menos masivo y dispuesto a pagar más por los servicios y experiencias sustentables o regenerativas, va a tomar impulso y el sector debe estar preparado para no perder el tren.

La visión del nuevo turismo, requiere un claro balance entre la experiencia del viaje, el medio ambiente y la sociedad, se fundamenta en conceptos como los del turismo sustentable, y se profundiza con los del turismo regenerativo.

El sustentable es aquel que minimiza el impacto sobre el medio ambiente y la cultura local, al tiempo que contribuye a generar ingresos y empleo para la población local. La creciente sensibilización del turista en aspectos ecológicos y sociales, y el mayor empoderamiento de la actividad por parte de las sociedades receptoras, hacen del modelo una alternativa clara para el mundo que se viene.

El regenerativo, concepto que ya se aplica al diseño, arquitectura y agricultura, ahora también se aplica al turismo. Nace como una iniciativa global que busca ir más allá del turismo sostenible a través de experiencias de viaje en las que profesionales, población y turistas actúen como agentes de cambio para innovar en el desarrollo turístico. No se conforma con solo mantener los ecosistemas y cuidar la biodiversidad, sino que también se plantea ser el motor de ese cambio real.

El formato que teníamos de relacionarnos con el mundo, está en jaque y nos transmite un claro mensaje: es tiempo de revisar y sobre todo, de cambiar. La creatividad, las nuevas tecnologías y la sensibilidad de entendernos como partes de un todo, serán la clave para revertir la situación del planeta y, por su puesto, de brindar servicios turísticos acordes a estos nuevos paradigmas.

(*) Especialista en Management Hotelero y Hospitality Entrepreneur